jueves, septiembre 01, 2005

el ladron de musas III

El dueño de la taberna era un gordo, calvo, sudoroso, sucio y sonrosado germano con cara de tener poco sexo satisfactorio en los últimos meses.
Aquél lugar era lóbrego y húmedo, las paredes casi cubiertas de moho. La taberna parecía tener su habitual parroquia y a cada ingenuo que se atrevía a entrar en aquél inhóspito lugar lo acuchillaban con la mirada, yo noté cómo moría varias veces atravesado por ellas antes de cruzar el umbral. Ellos no querían ser mis amigos y a mi me la sudaba esa triste gente, así que opté por sentarme en un apartado lugar y dedicar el tiempo a beber y a fumar.
Tras horas bebiendo me percaté de cómo la bella dama me miraba a través del azulado humo, estoy seguro de que lo hacía, sé que me miraba a mi y a nadie más. Me acababa de enamorar. Estoy seguro de que me miraba a mi. No había nada en esta vida que se pareciera a aquello, debía ser amor.
Me miraba, me sonreía, me susurraba palabras desde la barra, me rozaba la mano a cada copa que me ponía…luego sólo recuerdo levantarme con dolor de cabeza sobre un catre maloliente.

(Continuará)

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

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22:23  
Anonymous Anónimo said...

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22:23  
Blogger Diego Stabilito said...

no te quejes q te escriben mas q a mi jajajaja...dos mentes, dos historias, un mismo origen...podremos conocer de esta manera nuestros puntos divergentes???

11:30  

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