el ladrón de musas II
Aquel día, antes de conocerla, antes de saber que existía, salí a la calle con el mejor traje que tenía, blanco impoluto (salvo unas pequeñas manchas de sangre a la altura de las muñecas que curé tras el estropicio del suicidio), y con todos los ahorros dispuesto a empezar una vida nueva.
Tenía la descabellada idea de andar lanzando los billetes a mi paso para llevar la felicidad a las gentes del lugar pero olvidé esa estupidez cuando comprendí que el dinero no los iba a hacer felices y que yo podría darle buen uso comprando placeres carnales en este egoísta mundo que ese día olía a nuevo, dispuesto para ser estrenado, con el papel celofán todavía por romper.
Mis botas caminaban solas y recalaron en una tristísima calle que apestaba a orín, pero ese día era todo feliz así que la calle simplemente tenía un curioso olor y una feliz oscuridad que envolvía todo. En la calle, la taberna de la bella.
(Continuará)
Tenía la descabellada idea de andar lanzando los billetes a mi paso para llevar la felicidad a las gentes del lugar pero olvidé esa estupidez cuando comprendí que el dinero no los iba a hacer felices y que yo podría darle buen uso comprando placeres carnales en este egoísta mundo que ese día olía a nuevo, dispuesto para ser estrenado, con el papel celofán todavía por romper.
Mis botas caminaban solas y recalaron en una tristísima calle que apestaba a orín, pero ese día era todo feliz así que la calle simplemente tenía un curioso olor y una feliz oscuridad que envolvía todo. En la calle, la taberna de la bella.
(Continuará)


1 Comments:
El ladrón de musas esbozó una sonrisa y se dijo para si mismo:
- Hoy es el día.
Un poco de cuerda, miles de guindas embadurnadas en delicioso chocolate, papel y una pluma...no necesitaba nada más...
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